Cruzamos la frontera con muchas incógnitas sobre el canal de Panamá... y sobre como pasaríamos a Colombia....??? Nos esperaban muchas sorpresas que iríamos descubriendo con el pasar de los días...

Para comenzar nos recomendaron visitar Las Lajas , un pueblo en la playa... a orillas del océano pacífico... Un lugar apasionante... Cuando la marea baja, la playa llega a medir aproximadamente unos 400 metros de extensión hasta el mar. Las arenas son bañadas con aguas transparentes y tibias.
Disfrutamos del sol, la playa y la tranquilidad del lugar!!!

Después fuimos al Valle de Antón , es un volcán hundido, y en su cráter que está rodeado de cerros se estableció un pueblo, es el cráter más grande de Centro y Sudamérica. Es una villa con casas extravagantes y lujosas. Mucha gente de la capital tiene sus casas de fin de semana allí...

Mientras gozábamos de unos baños termales, conocimos a unos panameños muy hospitalarios, buena gente y divertidos que nos invitaron a sus casas. Parábamos en la vivienda de uno de ellos que tenía un zoo, y la casa estaba allí... rodeada de cerros y cascadas!!! Qué vista!!!

Luego nos dirigimos a la ciudad de Panamá , con su Canal que comunica el océano Atlántico con el Pacífico y donde encontramos la mayor transacción comercial del mundo. Cruzamos orgullosamente el famoso Puente de las Américas por encima del canal.

La tarea de averiguar como cruzaríamos a Colombia dado que no hay paso por tierra, no hay carretera, fue ardua, estresante.... nos llevó varios días y hablamos hasta con el Cónsul Argentino para obtener su asesoramiento...

Finalmente, embarcamos nuestra camioneta en un container hacia Cartagena conjuntamente con el bocho de Tom, un periodista y escritor belga que conocimos allí. El vivía en México y estaba yendo a Buenos Aires en su auto... otro Recorrecaminos!!!!
Navegamos todos juntos en un velero hacia el mismo destino... pero no corrimos con la misma suerte que nuestro vehículo.....

Paramos unos días en Portobello un pueblo con mucha historia y muy pintoresco.
Una vez lista la embarcación partimos....

Realmente la experiencia en el velero fue de extremo peligro. Nuestro capitán era un estadounidense alcohólico, que abusó de su título, dado que no sabía nada de velar... En el trayecto estuvo siempre borracho y dormido, los que dirigíamos el timón éramos los pasajeros, sin conocer del tema...

Durante la travesía nos ocurrieron numerosos hechos bochornosos... se rompió el motor, cortamos una correa... Una noche se atoró una soga en el motor y enganchamos una vela, con lo cual el velero perdió estabilidad y se hamacó incesablemente hasta las primeras horas del día con un oleaje muy fuerte..., además entraba agua por la cocina, y hasta repartieron los salvavidas!!! Realmente no sabíamos si contaríamos la historia, fue una noche muy difícil, en donde el miedo corrió por nuestros cuerpos... rezamos mucho, nadie durmió....

Al día siguiente otro capitán, un alocado francés que había subido en nuestro velero en las islas de San Blass nos salvó la vida, y en la medida en que el dueño del velero se lo permitía, el navegaba, previas peleas y discusiones entre ellos. El ambiente era de terror, éramos 4 pasajeros desesperados.... Cómo si todo esto fuera poco nos pasaron un sin número más de situaciones desagradables, nos quedamos sin combustible, luego nos rodearon cuatro lanchas que decían que eran piratas..., fue adrenalina pura a cada instante, el viaje que duraría 3 días, duró 5 y fueron interminables....

A pesar de todo lo malo, nos sucedieron cosas buenas, las islas de San Blass son paradisíacas, los indígenas que viven en ellas, los Kunas , son muy amables y amigables. Decenas de delfines nos acompañaron en varias oportunidades a lo largo del viaje jugando con nosotros de una forma muy cariñosa. Con nuestros compañeros de viaje establecimos una relación muy, muy fuerte, que hoy perdura...

En lo personal, esta experiencia nos hizo conocer más como personas y en situaciones límites... arriba
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